Cambio de paradigma - El paciente informado

Nadie puede negar, en su sano juicio, que la relación médico-paciente ha cambiado en los últimos años, en buena medida por la información con que cuenta ahora el paciente, quien se documenta a través de muchas fuentes, sobre todo de Internet.

No obstante, no todo lo que se encuentra en la Red es confiable ni todo mundo puede interpretar bien los datos así obtenidos.

Hoy en día, como el paciente puede ir y buscar información, se requiere de una mejor relación médico-paciente, más tiempo para explicar los pros y los contras de cada medicamento o tratamiento. Ahora la decisión conjunta con el paciente es un mecanismo más útil, necesario y habitual

El paciente de la segunda década del siglo XXI ya no es como hace algunos años. Ahora es una persona que se informa más –o desinforma más dirían los teóricos de la comunicación-, consulta, pregunta. Para ello, tiene los medios tradicionales, como son los libros, manuales, llamadas telefónicas, pláticas personales y, claro está, la gran ventana de información por excelencia: Internet.

A la par de ese fenómeno, el médico ha bajado de su pedestal divino, donde nadie podía cuestionarle nada, para convertirse en un ser terrenal, donde su opinión ahora es una más en la mar de conocimientos y puntos de vista a los que está expuesto el paciente.

Googleados

En entrevista con el doctor Héctor Sánchez Mijangos, médico cirujano egresado de la Máxima casa de estudios y hoy en día médico internista del hospital Médica Sur, miembro del Colegio de Medicina Interna de México,directordel Centro de Atención e Investigación en Factores de Riesgo Cardiovascular Omega, Clínica Omega, y colaborador de diversos medios informativos, muchas veces el paciente ya llega a consulta informado, a través de datos obtenidos mediante Google, que es el buscador más común, pero muchas veces no tiene información correcta.

Entonces, menciona, en ocasiones cuesta mucho trabajo ubicarlos, centrarlos y explicarles la realidad de las cosas. A veces se van con miedo a los medicamentos por los efectos adversos de los que se han informado y, en ocasiones, ya llegan a la consulta con un diagnóstico específico, incluso hasta automedicados, lo cual es altamente peligroso para todas las partes.

El médico cirujano, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), con especialidad en cirugía plástica, miembro de la Asociación Mexicana de Medicina Estética, Tobías Erasmo García Pérez, confirma que través de las redes el paciente actual no se queda sólo con el diagnóstico de su médico de cabecera, sino que lo complementa con búsquedas en la Web.

Por su lado, el médico internista Ricardo Martínez Vargas, también médico cirujano egresado de la UNAM, quien tiene récord de consultas en el sur del Distrito Federal, el paciente informado “es un fenómeno implícito en el conocimiento de la enfermedad propia, al no contar con una adecuada interpretación por el médico y es propio de la necesidad de mayor entendimiento de su patología”.

Los tres médicos entrevistados coinciden en que es un fenómeno que en los últimos tiempos se ve cada vez con más frecuencia en su consulta cotidiana, entre 20 y 40% de los pacientes.

No todo lo que brilla es oro…

A decir del doctor Martínez Vargas, esta acción, la de informarse a través de varios medios, entre ellos la Web, es algo negativo, porque el paciente, con frecuencia, cae en el error interpretativo. “La información previa, por lo regular de la patología del paciente, parte de una base errónea y confusa”.

En este punto coincide García Pérez, quien ve este fenómeno como algo negativo: “Ellos –los pacientes- no tienen el conocimiento médico y/o no saben buscar la información correcta en los sitios adecuados”.

Dotado de mucha paciencia, el doctor Sánchez Mijangos les explica a sus pacientes que no toda la información en la Red es correcta, dado que “todo tiene que estar tamizado con base en la experiencia y si ellos –los pacientes- toman a pie juntillas las informaciones, como por ejemplo, que medicamentos como la Aspirina -que se vende en cualquier sitio- puede tener efectos adversos, como sangrado gastrointestinal o asma bronquial, entre otros, puede darle temor. “Esto es muy raro que ocurra, pero está indicado como algo que puede suceder. Si el paciente no sabe interpretar la información, se puede espantar y tomar acciones no muy buenas, como dejar de tomar los medicamentos, con base en una posibilidad remota”.

Hay pacientes que sí se preocupan, informan bien y, al final, emiten un juicio y decisión con la ayuda de su médico de confianza; pero también hay pacientes que se van por la primera información que obtienen y, muchas veces, no es la correcta. En ocasiones sabotean el tratamiento o abandonan los medicamentos por el miedo de algún potencial evento adverso.

Diagnóstico y tratamiento

Los médicos entrevistados para este artículo están convencidos de que la información previa que ha obtenido el paciente influye mucho, sin duda, en el diagnóstico que les confirma su galeno de confianza. Es muy variable, pero a veces el paciente ya llega con una idea y sólo quiere que el médico se lo confirme; o, en ocasiones, quiere justo lo contrario: que el médico le dé mejores noticias de lo que ha averiguado por sus propios medios. El diagnóstico es crucial para tomar decisiones y una mala opinión lleva a derroteros que no van a ningún lado.

Por el contrario, argumentan, un paciente bien informado que confía en su médico, es más fácil de manejar y de llevar su tratamiento. Pero si el paciente viene mal informado y cree que tiene la capacidad para tomar decisiones, es muy difícil administrarlo, tenerlo controlado y sin complicaciones.

¿Cambio de receta?

El cambio de receta es un gran problema, porque no todos están validados en su calidad. Entonces si el paciente recibe un medicamento que se absorberá de tal manera, mantendrá una concentración sanguínea durante tanto tiempo y se eliminará de tal o cual manera, el médico puede esperar una respuesta terapéutica determinada. Sin embargo, si el paciente va y compra uno, por ejemplo, que viene con la pastilla tan concentrada y comprimida que no se absorbe de manera adecuada, puede modificar el control de la presión o la secreción de ácido.

Al respecto, Sánchez Mijangos de plano indica: “Si la farmacia cambia la receta, yo digo a los pacientes que no me hago responsable de los resultados, porque puede suceder que el medicamento no tenga la cantidad adecuada en miligramos o la forma en la que lo produjeron modifique la absorción y la capacidad de que esté disponible para actuar”.

Martínez Vargas indica, a su vez, que el cambio en las recetas en la farmacia es un problema con el paciente, “pues éste sólo busca el principio activo, sin importar la calidad del producto, al desconocer la farmacopea del medicamento”.

El doctor García Pérez coincide con lo anterior, por su parte, y advierte que en algunos casos él da la indicación explícita a los pacientes de no cambiar el medicamento por ningún motivo.

Decisión conjunta

La mayoría de los médicos no está preparada para manejar esta nueva situación o escenario. Antaño, la palabra del médico era ley y se hacía lo que recomendaba sin dudarlo. El paciente tenía que creerle todo. Pero hoy en día, como el paciente puede ir y buscar información, se requiere de una mejor relación médico-paciente, más tiempo para explicar los pros y los contras de cada medicamento o tratamiento. Ahora la decisión conjunta con el paciente es un mecanismo más útil, necesario y habitual. Antes se daba una prescripción y, como se ha insistido antes, la palabra del galeno era ley.

La industria de la salud trata de que la prescripción del médico se respete al máximo, para lo cual pone información honesta y veraz disponible para los pacientes, con el fin de que éstos obtengan el conocimiento que requieren para tomar mejores decisiones de manera segura, con lo cual se evita el riesgo de contaminarse con información falsa o desviadas en su contenido.

Para García Pérez la industria farmacéutica informa por medio de los representantes médicos y, de esta manera, es como los laboratorios farmacéuticos contribuyen a hacer un círculo virtuoso.

Martínez Vargas comenta que la información previa del paciente ayuda mucho en la aceptación del diagnóstico y la aplicación del tratamiento y de las normas que debe seguir durante su recuperación.

La industria de la salud, dice, “está en grado de refringente, pues la competencia del producto sólo se limita a medios masivo, además de que olvida la verdadera interrelación médico-paciente, ya mencionada desde Paracelso y confirmada por Freud”.

Y concluye Martínez Vargas: “Es triste saber que a muchos médicos los arrastra más la satisfacción económica que la vocación de servicio”.

Conclusiones

En suma, es importante que el paciente se informe y, de alguna forma, participe de su diagnóstico y tratamiento. Sin embargo, debe estar consciente que él no es médico y que sólo la opinión experta le podrá dar el consejo sabio. Debe tener confianza, creer en su doctor y seguir el tratamiento que le indique.

Por su lado, el médico, debe también estar consciente de que el paciente del siglo XXI es distinto a todo lo anterior y, por tanto, debe armarse de serenidad para ser cuestionado y para responder todo el cúmulo de preguntas del paciente informado.

Por último, la relación médico-paciente debe mejorar, a grado tal que los ingredientes como la información y confianza por parte del paciente, y los conocimientos y experiencia del doctor, sean parte de un mejor diagnóstico conjunto y de un tratamiento que se lleve, sin dudas, a los mejores términos.

Recomendaciones

  • El paciente debe confiar en su médico. No toda la información que está en la Red es confiable.
  • Hay un factor de respuesta individual que el médico debe ser capaz de valorar y tomar decisiones al respecto.
  • La medicina es un arte. Si la medicina fuera tan fácil como llevar un cuestionario para sacar un diagnóstico y tratamiento, cualquiera podría recetar. Hay factores emocionales, la pura relación médico-paciente influye.
  •  Hay que preguntar todas las dudas que uno tenga al médico, dialogar y convencerse. También hay veces que hay que pedir una segunda opinión con el apoyo del galeno de confianza.
  • El médico tiene la obligación de responder todas y cada una de las interrogantes de los pacientes y, en un momento dado, canalizarlo con otros especialistas.
  • Los médicos deben estar conscientes de que hay un cambio de paradigma en estos últimos años y adaptarse a él lo mejor posible.
  • Es necesario mejorar la relación médico-paciente para que la medicina y el tratamiento sean exitosos.
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